En este artículo solo quiero hacer saber a la gente popular y a la contraparte clase alta de la sociedad que todos somos iguales, sufrimos iguales aunque con una basta y clara diferencia unos sufrimos con hambre y otros sufren sin hambre.
Por lo tanto en este inicial artículo les quieo dejar estos links para que entre en nuestra conciencia las palabras dichas por uno hombre que dejó huellas inborrables en el mundo.
Este primero aunque paresca comico tiene demasiadas cosas serias que son necesarias saber.

No hay golpe de Estado bueno, ni golpe de Estado malo. Sencillamente, no debe haber golpes de Estado cuando de democracia se trata.
Ésa es la posición de principios que ha estado detrás de la declaración que adoptó el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), condenando “de manera categórica e inequívoca” el golpe de Estado militar contra el Presidente de Honduras, Manuel Zelaya.
Se es demócrata, o no se es demócrata. Se es demócrata en todas las circunstancias, y no solamente en las que nos gustan, y no en las que nos disgustan.
No participo del relativismo del Presidente Chávez a quien escuché diciendo que el golpe de Estado de Honduras era “troglodita”, y que el suyo a inicios de los 90 en Venezuela era “patriótico”.
Cuando en mayo de 2006 regresé a Nicaragua por la invitación de Herty Lewites, cuya muerte recordaremos con dolor esta semana, para ser su compañero de fórmula en la campaña presidencial de ese año, dije que para mí “no había intervenciones buenas o intervenciones malas, que sencillamente no debían haber intervenciones extranjeras en Nicaragua”.
Marcaba distancia así de Daniel Ortega, epítome del relativismo o la doble moral. Si Chávez reduce los espacios democráticos, cierra periódicos, radios y televisoras en Venezuela, para Ortega está bien. Para nosotros, no deben cerrarse arbitrariamente periódicos, radios y televisoras nunca, en ninguna circunstancia, ni reducirse directa o indirectamente los espacios democráticos. Si Chávez viene aquí, a decir lo que se le antoja, para Ortega está bien, incondicionalmente. Si otros condicionan su ayuda, a principios que ya son universales, como la democracia y los derechos humanos, está mal. No compartimos esa visión hipócrita de la política. Los principios mantuvieron encendida la llama de la lucha contra la dictadura de Somoza, aun en los momentos de mayor desolación. Con mayor razón ahora, en que una hoguera de indignación hierve dentro de cada nicaragüense, frente a la pretensión dictatorial y dinástica de Daniel Ortega. Eso explica nuestra posición.
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Los golpes de Estado reflejan el inconformismo por parte de los militares de un país, y no puede haber unos buenos y otros malos, sino simplemente equivalen a la respuesta de la no tolerancia de un grupo que puede ser el reflejo de la mayoría.